
Enseguida me puse a ojearlo y en principio no me causó muy buena impresión el dibujo. Tenía un trazo muy descuidado, como hecho con prisas. Nada que ver con el estilo de John Buscema que más me gustaba en Conan, tan detallista (yo entonces no sabía que mucho se lo debía al entintado de Ernie Chan). No, lo de Thor no tenía nada que ver. Pero aun así me empezó a gustar ese tebeo al encontrarme en sus páginas con tantos guerreros asgardianos, y es que el mundo de los vikingos siempre me ha interesado. Por algún motivo, siempre pensé que las aventuras de Thor transcurrían en la tierra, pero aquello era otro lugar que nada tenía que ver con la tierra. Y pasando las páginas me encontré con la que es objeto de mis sueños.
La impresionante splash (al menos para mí lo fue) con que empezaba el número 362. Me cautivó ese plano general con el descomunal barco y su imponente y aterrador mascarón al que se dirigían los asgardianos, mientras al fondo se veian como hormiguitas a los que trabajaban en su construcción. Tal fue la impresión que, sin haber comenzado la lectura del tebeo, no pude evitar leer esa página para saber que demonios era esa embarcación. Y Thor lo explicaba bastante bien: era un barco construido con uñas de muertos, y sobre el que navegarían éstos algún día para destruir a los dioses. Y leer tal cosa disparó mi imaginación y me hizo fantasear con la magnitud que tendría esa batalla cuando se produjese; e incluso me hizo soñar con una futura película del personaje en la que aparecería ese barco y esa batalla.
Y así, gracias a esa página y a su imaginación, Walt Simonson se ganó mi respeto para siempre. Me releí varias veces ese tebeo aquel verano, y a veces lo cogía solo para echar de nuevo un vistazo a ese barco y leer una y otra vez aquella descripción que tanto desataba mi imaginación con toda clase de imágenes épicas."
















